¿Cómo se estudia una obra coral antes de llevarla al primer ensayo? Dos referentes de la dirección coral, Eric Ericson y Antonio Russo, dejaron por escrito una serie de pasos concretos para resolver esa etapa. Compararlos sirve para entender qué caminos existen y elegir el que mejor se adapte a la formación de cada director.
Ericson parte de una pregunta directa: ¿cómo prepara una nueva pieza coral? Si el director tiene buen oído y experiencia, dice, simplemente la lee. Pero para llegar a eso propone una secuencia de diez pasos que incluye cantar cada parte por separado, cantar los acordes verticales (bajo, tenor, contralto y soprano superpuestos), tocar una voz mientras se canta otra, saltar entre partes primero lento y después a tempo, tocar tres voces y cantar la cuarta, usar un diafón para dar notas, marcar en la partitura un itinerario con las entradas y dinámicas importantes, escribir una reducción para piano y, finalmente, dirigir toda la obra memorizada imaginando el sonido del coro ideal. El detalle completo de esta secuencia está en Recomendaciones de Eric Ericson para estudiar una obra.
Russo, en el capítulo "Técnica de dirección" del libro El director de coros, coincide con Ericson en algo esencial: toda la obra debe estar resuelta antes del primer ensayo, para poder comparar internamente lo que suena el coro con la imagen sonora ya formada. La diferencia aparece en el camino para llegar ahí. Russo insiste en leer la partitura mentalmente, sin piano, dividiéndola en secciones cortas: cantar mentalmente el bajo, luego el tenor, escuchar las dos voces juntas, sumar la contralto, escuchar las tres, y finalmente sumar la soprano para seguir las cuatro melodías a la vez. Después de eso propone un análisis armónico, imaginando la sucesión de acordes como apoyo de cada una de las melodías por separado, y recién ahí volver a integrar el conjunto.
La parte más original del capítulo de Russo es la que ofrece cuando el director no puede prescindir del piano. Ahí propone una progresión de más de veinte pasos: tocar una melodía y después cantarla sin tocar, luego imaginarla sin cantar; repetir con cada voz; tocar una parte mientras se canta otra, y luego tocar una mientras se piensa (imagina) la otra; sumar de a una las voces restantes hasta imaginar las cuatro simultáneamente. Sobre el fragmento armónico sugiere ponerle una letra a cada acorde en orden de aparición y practicar imaginando dos acordes y tocando el tercero, hasta lograr imaginarse toda la sucesión armónica sin apoyo del instrumento. Ese trabajo, dice Russo, termina naturalmente en la memorización de la obra, que considera la cristalización de la imagen auditiva y la garantía de su dominio real.
Para esos temas Russo remite a otro capítulo del mismo libro, dedicado específicamente a la interpretación. Sí deja una regla concreta para las respiraciones: el coro puede cantar bien lo que el director pueda cantar cómodamente con una sola respiración, y ese límite debería respetarse siempre que el fraseo lo permita. Sobre interpretación en general puede profundizarse en Reflexiones sobre la interpretación de música coral.
Los métodos de estudio, ensayo e interpretación que propone Ericson, comentados por separado, están disponibles en Recomendaciones de Eric Ericson para ensayar una obra y en Recomendaciones de Eric Ericson para interpretar una obra. Quien quiera sugerir que se siga revisando este libro, o cualquier otro tema, puede escribir a gusespada.com/contacto.
Para quien dirige un coro, tener estos dos métodos en paralelo da opciones concretas: si domina la lectura interna, el camino de Russo ofrece una progresión ordenada para llegar a imaginar la obra completa sin instrumento; si necesita apoyarse más en el piano, la secuencia de Ericson da pasos prácticos igual de útiles para llegar preparado al primer ensayo.